Servir a los enfermos aun a riesgo de la propia vida

Entrevista con el Padre Aristelo Miranda, consejero general de Religiosos Camilianos

En la situación que estamos experimentando debido a COVID, en colaboración con el Sr. Riccardo Benotti, jefe de servicio de la agencia SIR (Servicio de Información Religiosa) que es el organismo de información de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana), enviamos algunas preguntas a las congregaciones más expuestas y comprometidas en el campo de la salud.


Aquí están las respuestas del padre Aristelo Miranda hoy:

1. ¿Cuáles han sido los cambios en la actividad de la Congregación de cara al cuidado de los enfermos?

No ha habido cambios significativos, salvo algunos ajustes de conformidad con las leyes nacionales vigentes como medida/s temporal/es durante la pandemia del coronavirus. Los Camilos estamos atendiendo a casi 40 países en todo el mundo en hospitales, instituciones socio-sanitarias, capellanía y parroquias. En los hospitales, nuestros capellanes están observando todos los protocolos; las visitas se siguen haciendo, aunque en número reducido, con la máxima precaución y observando todas las medidas de protección. He visto a algunos de mis hermanos administrar los sacramentos con equipo de protección personal (EPP). Esto me recuerda a los Mártires Camilos de la Caridad (siglos XVI-XVIII). Más de 300 mártires Camilos murieron sirviendo a las personas afectadas por las plagas y la peste, en Italia y Hungría. En una situación de pandemia, tenemos el desafío de fortalecer nuestro compromiso de dar testimonio del amor misericordioso de Cristo al enfermo. 

2. ¿Cuántos enfermos de Covid-19 han pasado por las estructuras de su Orden?

Durante nuestra última videoconferencia con todos los superiores mayores de la Orden, el pasado 6 de abril, no recibí ningún informe del número exacto de enfermos ingresados en nuestros hospitales. Todos nuestros hospitales, como por ejemplo en Brasil, están preparados con nuevos protocolos aplicados según lo indicado por el Ministerio de Salud. Todo nuestro personal sanitario continúa trabajando en nuestras instalaciones con turnos y número de horas de trabajo ajustados para responder a las circunstancias del momento. 

3. ¿Ha habido casos de religiosos de su Orden contagiados de coronavirus para cuidar a los infectados? 

Según la información que recibí, tenemos alrededor de 12 hermanos entre Italia y España infectados con COVID19. En el momento de escribir este artículo, tres (3) de ellos fallecieron mientras que el resto están ahora en condiciones estables. Los que murieron eran capellanes. A pesar de su condición vulnerable (edad avanzada), optaron por continuar su ministerio conscientes de las consecuencias. Lo hicieron extremando las precauciones. 

4. ¿Cómo han cuidado al personal de salud (médicos y enfermeros/as, personal auxiliar)? 

Como ya dije anteriormente, hemos observado de forma rigurosa, todos los protocolos impuestos por el Ministerio de Salud, adoptándolos en nuestras instituciones. En ciertos lugares hemos aplicado algunas medidas adicionales, como por ejemplo revisión de las horas de trabajo, número de turnos. Hemos ofrecido comida y alojamiento en algunas de nuestras instalaciones al personal sanitario que optó por no volver a sus domicilios, para protegerse y proteger a sus familias. Asimismo, hemos tratado de proporcionar un acompañamiento psico-espiritual para ayudarlos a ellos y a sus familias. 

5. ¿Qué significa ser un religioso que se entrega, por vocación, al cuidado de la salud y se enfrenta a una pandemia de este calibre? 

Cómo ser religioso, especialmente en estas circunstancias anómalas de la pandemia, me planteó muchas preguntas, me causó confusión y me indujo a la reflexión. Tenemos el desafío de pensar y reflexionar sobre cómo vivir en lo concreto nuestro cuarto voto de servir a los enfermos aun a riesgo de la propia vida. Necesitamos considerar muchos parámetros a la hora de actuar, sin ignorar el espíritu mismo de nuestro compromiso. La situación de vida y la condición social de nuestros Mártires de la Caridad Camilos eran totalmente diferentes. Había más riesgo en aquellos tiempos con respecto a hoy debido al avance de la ciencia y la medicina. Aunque hoy en día el riesgo sigue siendo alto, las medidas adecuadas, si se observan oportuna y prudentemente, son suficientes. Creo que el mayor enemigo que puede sofocar el espíritu de servicio en nosotros es nuestro propio miedo e inseguridad. Actuar con prudencia, determinación y compromiso es lo que necesitamos para vivir nuestro propio testimonio. Esa acción debe surgir de nuestra sensibilidad ante los males de los que más sufren. Aquí reside nuestro espíritu creativo, y también nuestra fidelidad. Debemos interrogarnos sobre cómo poder escuchar el "grito de los pobres" y responder.