Perseguir el sueño de la fradernidad universal

19.10.2020

Una reflexión sobre la Encíclica "Fratelli Tutti"

La fraternidad no puede darse por sentada, no es fruto de la carne ni de la sangre (Jn 1, 12-13), ni se puede decretar. Mucho menos la fraternidad entendida en una forma tan inclusiva que abarque a toda la humanidad.

En el corazón de la rica, compleja y extensa reflexión que nos brinda el Papa Francisco en Fratelli tutti, encontramos la parábola del samaritano (Lc 10, 25-27). Se propone la «compasión» y el «hacerse prójimo» como la sensibilidad y la forma de actuar que hace posible sanar esas heridas que lleva cada persona, no aferrarse al rol que impulsa a «pasar de largo» ante las personas heridas, renunciar a toda violencia que hiere o mate la fraternidad y hacernos cargo los unos de los otros.

Frente a las tendencias a dividirnos en bloques de pueblos o naciones, de polarizar la vida pública, de separarnos por las religiones que profesamos, por el color de la piel o el país de proveniencia... la invitación es a aproximarnos, a entrar en comunicación, a dialogar, acoger solidariamente,... hermanarnos.

Aceptamos esa invitación cuando nos abrimos a la posibilidad de compartir el mismo sueño en un mundo mejor, en el que se reconozca la dignidad de todos y todas, en el que se generen relaciones solidarias en la búsqueda del Bien Común. Compartir un sueño que se convierta en fuente de energía personal y social para abrirnos al diálogo que lleve a producir los cambios necesarios para generar una cultura del encuentro en la que se abran los espacios y los corazones a la construcción de la fraternidad incluyente.

El Papa Francisco señala el debilitamiento de la política como instrumento necesario para definir y alcanzar los objetivos comunes de las naciones y del mundo en su globalidad. La política está debilitada por los populismos de derecha e izquierda porque sustituyen a los pueblos en la toma de decisiones; por la hegemonía del mercado que prefiere aumentar las ganancias de pocos sobre la justa distribución de la riqueza; por el recurso a la guerra y otras formas de violencia para imponer intereses particulares. También por la ignorancia de los Derechos Humanos que se quedan en solemnes declaraciones.
Necesitamos la mejor política.

La fraternidad universal es posible cuando se vive en paz. Insiste el Papa Francisco en la urgencia de abrir caminos de paz y sobre todo de encontrar «artesanos de la paz». La paz requiere de la justicia que se logra desde el reconocimiento de la verdad. El camino a la paz es iluminado por la verdad al alcance de todo el pueblo. La paz supone la superación de la pobreza y sus causas, es decir, el cese de la exclusión y la incorporación de todos a la vida social, económica y política.

Fratelli tutti señala algunos requisitos claves para avanzar hacia la justicia y la paz: la recuperación de la memoria, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones. La abolición de la pena de muerte que considera simplemente inadmisible. La renuncia completa a la guerra como forma de dirimir conflictos, imponer ideologías o regímenes sociopolíticos. Toda guerra -afirma la encíclica- deja al mundo peor que como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal, pues es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente.

El camino a la fraternidad requiere abrirse a la reconciliación y el perdón. A este requisito todas las religiones del mundo pueden contribuir y rendir un precioso servicio a la humanidad.

Publicado en la Revista Ecclesia
 Año LXXX - NÚM. 4.048
10 de OCTUBRE de 2020