Familias Carismáticas en diálogo: corresponsabilidad y participación al servicio del carisma

27.08.2026

Crónica del Encuentro del 13 de junio de 2026
Casa La Salle, Roma 

Alrededor de setenta representantes de veintinueve Familias Carismáticas se reunieron el 13 de junio en Casa La Salle, en Roma, para reflexionar sobre el tema de la corresponsabilidad entre consagrados y laicos en la custodia y transmisión del carisma. Una jornada de diálogo, escucha y discernimiento que se inscribe en el camino sinodal más amplio de la Iglesia.

La corresponsabilidad en la vida de las Familias Carismáticas no es solo una cuestión organizativa, sino una dimensión esencial de la fidelidad al don recibido. Esta es la convicción que guio el encuentro «Corresponsabilidad y participación: igual dignidad al servicio del carisma», promovido por la Asociación Familias Carismáticas en diálogo y celebrado el 13 de junio en Casa La Salle, en Roma. La iniciativa reunió a alrededor de setenta representantes de veintinueve Familias Carismáticas, unidos por el deseo de profundizar en el valor de la comunión entre consagrados y laicos y de identificar caminos compartidos para custodiar y hacer fecundo el carisma hoy.

La reflexión estuvo acompañada por Eva Gullo y Alberto Frassineti, miembros del Movimiento de los Focolares y comprometidos desde hace años en el acompañamiento de institutos religiosos, comunidades y realidades eclesiales. Su intervención ofreció una lectura orgánica del tema, articulada en torno a cuatro palabras clave: carisma, igual dignidad, corresponsabilidad y participación. Un itinerario que invita a reconocer el carisma como el don originario que hay que custodiar y transmitir; la igual dignidad bautismal como fundamento de las relaciones; la corresponsabilidad como paso del «hacer para» al «decidir con»; y la participación como posibilidad real de tomar parte en los procesos de discernimiento y de gobierno.

Entre las imágenes más significativas propuestas por los ponentes se encuentra la del paso del «seguimiento» del fundador a la «comunión de los discípulos». Si durante la vida del fundador el punto de referencia es naturalmente su persona, después de él el carisma no se confía a una sola persona, sino a toda la comunidad de discípulos, llamada a custodiarlo y a interpretarlo creativamente en las nuevas circunstancias de la historia. Por ello, el carisma no puede considerarse un patrimonio que debe conservarse celosamente, sino un don vivo que crece cuando se comparte y que continúa generando vida en la Iglesia y en el mundo.

Particularmente significativa fue la presencia del P. Mario Zanotti, OSB Cam., Secretario General de la USG, quien, en su saludo, reconoció en las Familias Carismáticas una auténtica experiencia profética para la vida consagrada. Haciendo referencia a los trabajos de la reciente Asamblea de la USG dedicada a la transmisión del carisma en el servicio de gobierno, el P. Zanotti señaló que la vida consagrada no tendrá futuro si el carisma no se convierte cada vez más en un carisma compartido, subrayando que el don del Espíritu es más grande que cada una de las instituciones y continúa manifestándose de formas siempre nuevas.

La jornada se enriqueció también con los saludos de Hna. Mary John Kudiyiruppil, SSpS, Vicesecretaria Ejecutiva de la UISG, de Rosalba Rossi-Comi, Oficial del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, así como con los mensajes enviados, entre otros, por Mons. Hanna Alwan, Vicario Patriarcal Maronita, y por Hna. Nathalie Becquart, XMCJ, Subsecretaria de la Secretaría General del Sínodo. Todos destacaron el valor eclesial del camino de las Familias Carismáticas como expresión concreta de una Iglesia cada vez más sinodal, en la que la diversidad de las vocaciones se convierte en una riqueza compartida.

El amplio espacio dedicado a los trabajos en grupo permitió a los participantes intercambiar opiniones sobre los desafíos que acompañan hoy la vida de las Familias Carismáticas. Surgió con fuerza la necesidad de promover relaciones cada vez más auténticas entre consagrados y laicos, favorecer procesos de escucha mutua, compartir buenas prácticas y crear oportunidades de formación común. Entre las imágenes más recurrentes evocadas en los grupos estuvieron las del mosaico, en el que cada persona contribuye con su propia pieza a la obra común, y la de la obra en construcción, donde cada uno está llamado a construir su parte del muro con fidelidad creativa al carisma.

El encuentro concluyó confirmando que el futuro de las Familias Carismáticas pasa por una comunión cada vez más madura, en la que la corresponsabilidad y la participación no representan simples modalidades organizativas, sino que se convierten en el estilo con el que consagrados y laicos, desde la igual dignidad del Bautismo, están llamados a custodiar, encarnar y transmitir el carisma ante los desafíos del tiempo presente. Un horizonte que resuena en profunda sintonía con el camino que la vida consagrada está recorriendo hoy y con las reflexiones maduradas recientemente también en la Asamblea de la Unión de Superiores Generales.

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