Covid-19 y vida consagrada. P. Arturo Sosa (jesuitas): "La democracia puede ser víctima de la pandemia

17.12.2020

Entrevista de Riccardo Benotti - Agencia SIR - 15 de diciembre de 2020

(Foto Siciliani-Gennari / SIR)
(Foto Siciliani-Gennari / SIR)

"La pandemia se ha convertido en muchas naciones en ocasión para acelerar las tendencias personalistas de gobierno y suspender procesos democráticos de toma de decisiones".  De ello está convencido el padre Arturo Sosa Abascal, superior general de la Compañía de Jesús y presidente de la Unión de Superiores Generales (USG), quien también anuncia el deseo de los religiosos de una experiencia sinodal de vida consagrada según el modelo propuesto por el Papa a toda la Iglesia.

"La democracia puede ser víctima de la pandemia si no somos capaces de aprovechar la ocasión para profundizar la conciencia ciudadana, la búsqueda colectiva y efectiva del Bien Común, saliendo de los intereses individuales de personas, grupos, categorías sociales o naciones para sintonizar en el mayor bien posible para toda la humanidad poniendo a los más débiles en el primer lugar de las decisiones complejas que se deben tomar". El padre Arturo Sosa Abascal es el trigésimo sucesor de San Ignacio de Loyola al frente de la Compañía de Jesús y, desde 2018, presidente de la Unione Superiori Generali (USG).

Ha repetido reiteradamente que una de las víctimas de la pandemia podría ser la democracia.

La democracia ha estado fuertemente amenazada en los últimos años por el debilitamiento de la conciencia ciudadana en las sociedades en las que la ha habido y los pocos esfuerzos de promoverla en otras.
La proliferación de populismos de distinto signo y los fundamentalismos revestidos de ideologías o distorsiones "religiosas" han sido causa de ese debilitamiento.

La pandemia se ha convertido en muchas naciones en ocasión para acelerar las tendencias personalistas de gobierno y suspender procesos democráticos de toma de decisiones.

¿Qué piensa en relación al acceso a la próxima vacuna?

La distribución de la vacuna será la piedra de toque de los deseos de justicia y responsabilidad social que se cuida de los más débiles de la sociedad. Será una prueba fehaciente de la auténtica voluntad democrática de los Estados nacionales y de las estructuras internacionales como la Unión Europea.
La forma como se produzca y distribuya la vacuna será un signo claro del mundo post-covid. ¿Dominará la lógica del mercado y sus beneficios o se abrirá el espacio a la lógica de la justicia social? ¿Servirá para cerrar un poco la brecha social o para agrandarla? ¿Será aprovechada como ocasión de hacer "la mejor política" que propone el Papa Francisco en Fratelli tutti, la que busca efectivamente el Bien Común?

Desde hace diez meses, el mundo entero se enfrenta a una pandemia que ya ha provocado casi un millón y medio de muertes. ¿Cómo viven los religiosos este período?

En primer lugar, como cualquier otra persona, religiosos y religiosas, hemos sido sorprendidos por la pandemia, por su magnitud y agresividad. Ha sido un impacto tan fuerte en la vida que ha obligado, por una parte, a superar la sorpresa, los miedos y angustias por nosotros, nuestras familias, la gente a la que servimos... Por otra parte, ha echado por tierra toda planificación del trabajo apostólico y de la vida normal de las comunidades.

Nos ha recordado nuestra fragilidad y hecho volver a beber en el pozo de agua viva de nuestros carismas, de aquello que da sentido y fundamento a nuestra vida.

Ha sido también una oportunidad para descubrir a los vecinos de casa y los de la puerta de al lado. Las comunidades han compartido más tiempo juntas, han orado de otro modo y han abierto sus ojos a la realidad que las circunda descubriendo la riqueza humana del vecindario y del contexto en el que viven.

Muchas Congregaciones están directamente involucradas en el campo de la salud, otras han tenido que repensar su misión. ¿Fue fuerte el impacto con el Coronavirus?

Se ha hecho un enorme esfuerzo para adaptar nuestro servicio apostólico a las condiciones impuestas por la pandemia. Se ha multiplicado la creatividad en todos los campos para seguir el trabajo educativo, pastoral y en todos los campos en los que están comprometidas las congregaciones religiosas.
No nos hemos encerrado en nosotros mismos ni limitados a cuidarnos... han surgido una enorme cantidad y variedad de iniciativas para "echar una mano" en la atención a los más golpeados por la situación provocada por la pandemia.
Hemos también afrontado, con nuestras limitaciones, la reflexión sobre lo vivido pensando sobre todo en como contribuir a la transformación de la sociedad.

¿Cuántos religiosos han muerto en el mundo a causa de Covid?

Muchos, demasiados... como en el conjunto de la sociedad. Los más frágiles por su edad, salud o condiciones de vida.
No puedo dar un número exacto porque no hemos recibido la información pero sobre todo porque no ha terminado la pandemia ni sus consecuencias.

¿Será la crisis que vivimos un momento propicio para la vida consagrada, también en el plano vocacional? 

No creo que se pueda establecer un lazo entre la crisis de la pandemia y un aumento de las vocaciones. Las vocaciones dependen de otros muchos factores, comenzando con la coherencia de nuestra vida con el carisma que buscamos encarnar para convertirnos en "modelo" de vida atractivo para los jóvenes de hoy.

Oramos con fe y esperanza para que el Señor envíe trabajadores a su mies.
Es el Señor quien llama.

Depende de nosotros ayudar a sentir esa llamada y acompañar los procesos de discernimiento vocacional de quien la siente.
Estamos más pendiente de la calidad de las vocaciones que de su cantidad. Necesitamos buenas personas consagradas. Si son muchas, mejor aún.

De la última asamblea semestral de la USG surgió el deseo de una experiencia sinodal de vida consagrada sobre el modelo de lo que el Papa Francisco propone a toda la Iglesia.

Estamos convencidos que experimentando en nuestra vida la sinodalidad podemos contribuir mejor a la Iglesia sinodal soñada por el Concilio Vaticano II, sueño que el Papa Francisco vive con intensidad y quiere compartir con todo el Pueblo de Dios que camina detrás del Señor Jesús.